Castillo de Miranda

Considerado bien de interés cultural según el boletín nº 57 de la disposición de fecha 17/04/2006, y publicada el 22/05/2006 (ver BOA).

El primer asentamiento conocido en el Cabezo de Miranda consistió en el centro urbano de una pequeña comunidad ciudadana ibérica de la Edad del Hierro, situado en lo alto del escarpe por sus privilegiadas condiciones estratégicas. Con la expansión del Imperio Romano en la Península Ibérica, concretamente durante el gobierno de César Augusto, fue abandonado por la creciente importancia que adquirió la ciudad de Caesaraugusta. Desde entonces no se tuvo noticia alguna sobre el poblado, pero pudo volver a ser habitado por los musulmanes en la Alta Edad Media, si bien, a pesar de que fuera lo más probable, las pruebas que respaldan esta teoría son escasas (y a esto hay que añadirle que los musulmanes no solían realizar censos de pueblos y aldeas). Los musulmanes probablemente fueron los constructores de un primer castillo en el Cabezo de Miranda, que más tarde, tras las campañas de Pedro I (siglos XI y XII), los cristianos fortificarían en vistas a su excelente valor estratégico frente a la reconquista de la Saraqusta musulmana.

A unos pocos kilómetros hacia el Este del Castillo de Miranda existió un lugar conocido como "Mezi Meeger" por los musulmanes, situado directamente delante de Zaragoza. Pedro I conquistó esta zona en 1101, y cambió su nombre por el actual: Juslibol, que derivaba del grito de guerra de los cruzados "Deus lo vol" (Dios lo quiere). De esta época datan los restos de la fortaleza conocida popularmente como Picote de San Martín. Tanto el Castillo de Miranda como el Picote de San Martín constituyeron el puente para la conquista de Saraqusta años después. La conquista fue llevada a cabo en 1118 por Alfonso I "El Batallador", quien en 1134 entregó la población de Miranda a los Garcés, y más tarde, en 1160 pasó al entonces obispado de Zaragoza por donación de Ramón Berenguer IV. Podría decirse que el Castillo de Miranda, desaparecido su valor militar, se convirtió en una fortaleza de carácter señorial. En el siglo XIII, momento en el que alcanzó su máximo apogeo (disponía de una parroquia y una antigua mezquita o basílica romana convertida en iglesia; y constituyó un pueblo de igual importancia que Alfocea y Juslibol), volvió a manos de la corona, hasta que en 1323 Jaime I lo vendió al arzobispado de Zaragoza, el cual no le prestó excesiva atención. A partir de entonces desaparece toda documentación sobre el pueblo y el castillo, lo que parece indicar que se produjo de nuevo su abandono (antes de 1495 en todo caso, ya que en este año se realizó un importante censo en Aragón). Esto pudo deberse a que desde principios del siglo XV Aragón vivió un período especialmente crítico a nivel demográfico. 
 
En un momento indeterminado el castillo se convirtió en ermita (ermita de la Virgen de Miranda), agregada a la parroquia de Juslibol. Esta ermita siguió en uso hasta mediados del siglo XIX, y a partir de entonces el castillo ha sufrido un devastador proceso de abandono que con el tiempo va reduciendo los antiguos muros del castillo a restos desfigurados e irreconocibles. Entre los restos, los lienzos de muralla que rodeaban su planta rectangular de 15 por 20 metros, diversos muros de otros edificios que componían el castillo y hacia el norte la base de lo que pudo ser una torre albarrana.
 
Actualmente se encuentra dentro del territorio militar del campo de maniobras de San Gregorio, en teoría fuera del acceso de la población civil.
 
DESCRIPCIÓN:
 
El castillo de Miranda ocupa el extremo Sudeste del cabezo de Miranda, situado a unos 4 km desde Juslibol (Zaragoza) siguiendo el escarpe. Está protegido en la parte Noroeste por un foso artificial de hasta 15 m de anchura y más de 10 de profundidad en algunos puntos. La fortaleza, de planta irregular y adaptada a las condiciones del terreno, dispone de un camino de acceso por la cara Noreste defendido por una torre albarrana maciza de planta rectangular, muy inclinada (y con peligro de desplome) construida como todo el conjunto con encofrado de mortero de yeso y piedras irregulares (si bien se observa una gran parte en la base construida con ladrillo, probablemente una reparación posterior de la base de la torre desde que el castillo se convirtió en ermita).
 
La puerta, muy desfigurada, aparece delante del foso, en la esquina Norte, y da acceso a un camino que asciende en zig-zag hasta la parte superior, dividida artificialmente en dos niveles:
 
1) La planta inferior, en la que se construyó un pabellón de planta rectangular y la torre principal, separada del anterior por un estrecho corredor que da acceso al punto culminante, ocupado por la base de una torre de homenaje de hormigón de cal y piedras, además de un espacio abierto a modo de patio o terraza con excelentes vistas a la vega del Ebro. La torre mayor, que ha perdido casi la mitad del perímetro rectangular, tuvo en su momento dos plantas, separadas por una bóveda de cañón de ladrillo parcialmente conservada (que actualmente se está desprendiendo por el abandono). En la inferior tuvo la puerta principal, orientada al Norte, y en el muro suroriental se dispuso una hornacina.
 
2) La planta superior, a la que se accedía por una puerta en el muro Suroeste provista de arco ligeramente apuntado de finas dovelas de alabastro labrado, conserva un remate muy alterado con dos hastiales en los lados cortos preparados para un tejado de dos aguas, seguramente desde que el castillo se convirtió en ermita. Esta torre, que parece bajomedieval, se elevó a base de tableros de encofrado de 0'80 x 1'20 m, sin agujeros pasantes para los gatos de las hormas. (Extraído a partir de estudios del Grupo de investigación URBS)
 
En la ladera del cerro, al pie del castillo se construyó una bodega de grandes dimensiones (casi 4,5 metros de altura) excavada en la roca con una bóveda de cañón. Puesto que existe una gran cantidad de sedimentos en el interior de esta bodega, el suelo se ha elevado casi dos metros, y existen posibilidades de que esta sala tenga más accesos sepultados que conduzcan a alguna dependencia desconocida del castillo (de hecho, la parte superior de un arco sepultado es visible a la derecha desde la entrada, y hacia el final de la sala todo el suelo experimenta un hundimiento de un metro o más). En este caso hay que tener en cuenta que también existe lo que parece ser otra entrada al nivel del río (también llena de sedimentos de yeso y arena) que conduce desde la base del escarpe hacia el interior del cabezo con una gran pendiente, habiendo sido construido seguramente para ser una galería de escape del castillo.

BIBLIOGRAFIA:
  • Texto de Pablo Herrera.
  • CABAÑAS BOYANO, Aurelio. Aragón, una tierra de castillos. Zaragoza: Prensa Diaria Aragonesa, S.A., 1999.
  • GUITART APARICIO, Cristóbal. Castillos de Aragón. Zaragoza: Librería general, 1977.
  • Foto: Gracia Sendra, Dolores - Barcelona, David.